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El aire huele a humo

¿Qué hará con la memoria

de esta noche tan clara

cuando todo termine?

¿Qué hacer si cae la sed

sabiendo que está lejos

la fuente en que bebía?

¿Qué hará de este deseo

de terminar mil veces

para volver a encontrarle?

¿Qué hacer cuando un mal aire

de tristeza la envuelva

igual que un maleficio?

¿Qué hará bajo el otoño

si el aire huele a humo

y a pólvora y a besos?

¿Qué hacer? ¿Qué hará?

Preguntas a un azar que ya tiene

las suertes repartidas

José Agustín Goytisolo

Y como el humo, este blog también se diluye y se transforma en otra realidad tan virtual como ésta donde continúa, o no.

Gracias.

El tiempo

Aquest vers és el present.
El vers que heu llegit ja és passat
- Ja ha quedat enrera desprès de la lectura
La resta del poema és el futur,
que existeix fora de la vostra percepció.
Els mots són aquí tant si els llegiu
com no. I cap poder terrestre
no ho pot modificar.

El temps.- Joan Brossa

(Este verso es el presente. El verso que has leído ya es pasado, ya ha quedado atrás después de la lectura. El resto del poema es el futuro, que existe fuera de tu percepción. Las palabras están aquí tanto si las lees como si no. Y no hay ningún poder sobre la tierra que pueda modificarlo.)

En el filo de un año y otro, espero que el presente, que será pasado enseguida, se vuelva futuro deseable. El pasado fue como fue y se quedará así, el presente es como puede, pero el futuro siempre tiene que ser apetecible, que para eso lo creamos nosotros mientras no se materializa.

El ocho es el mi número según la numerología, a ver si se nota algo.

  :-)

Canción para volver

Sólo he oídos dos canciones de los desaparecidos Estación Norte. Una de ellas es esta «Canción para volver» que es exactamente lo que haré yo allá por enero, aunque ellos hablen de volver a alguien y lo mío es más volver a un sitio.

Qué importa, me apetecía colgarla :-)

Felices esas cosas que son felices y nosotros que lo seamos también. 

Dame la mano
tal vez ya sea un poco tarde
para volver.
Cierra los ojos
piensa que el tiempo no ha pasado
y que hoy es ayer.

Y si pudieras elegir de nuevo
quiero saber
qué harías esta vez
qué harías esta vez.

Para un momento
precisamente cuando hay prisa
no hay que correr.
Piénsalo ahora
que a veces es cuestión de tiempo
llegar a entender.

Y si pudieras elegir de nuevo
quiero saber
qué harías esta vez
qué harías esta vez
qué harías esta vez
qué harías

No has mirado hacia los lados
y te has metido en un camino sin final,
no lo ves.
Y aquí sigo yo esperando
deshojando el calendario de mi ser
y tienes tánto que perder.

Y sigo pensando qué harías esta vez.

Y si pudieras elegir de nuevo
quiero saber
qué harías esta vez
qué harías esta vez
qué harías esta vez
qué harías esta vez.

Crónica tomada prestada

Mi amiga Carmen acaba de volver de viaje y yo le copio su crónica como está mandao.

Cuando uno aterriza después de nueve horas de vuelo transoceánico, después de un vuelo previo para llegar a Madrid, llevando más de veinte horas en vela, de lo único que se tiene ganas es de comer un poco y echarse en una cama cuanto antes. Además, si vas vestido de estación equivocada, la sensación es, cuanto menos, molesta.

Cierto es que el recorrido a través del hotel por lo que se adivinaba un magnífico jardín, que en realidad era un pedazo de selva adoptada, el calor húmedo después del impertinente aire acondicionado del autocar y la sensación de que el mar estaba rompiendo a pocos metros de allí, aliviaba mucho la situación y, en mi caso, calmaba el desorden físico general.

El amanecer en  Costa do Sauípe acontece a eso de las cinco y media de la mañana y además de la luz que se filtraba por las cortinas, había algo más que debí de detectar aquella noche y que mis ojos se impacientaban por conocer. Me levanté a las seis de la mañana y contemplé el impresionante espectáculo que se divisaba desde la terraza de la habitación: palmeras, arbustos con flores de vivísimos colores, más palmeras, árboles distintos, más allá una especie de lago con nenúfares, al fondo el azul de la enorme piscina, cantos de pájaros diversos y, allí, a la izquierda, sin darse importancia, el mar con su impetuoso oleaje poniendo el perfecto sonido de fondo para guardar en la banda sonora de la vida.

El entorno protegido de Praia do Forte invita al disfrute de las cosas simples de la vida. Pero uno no se hace miles de kilómetros para estar tumbado en una hamaca al lado de la piscina o la playa…, o sí, por qué no; hay viajes que recuperan, que reparan, que reconstruyen. Quizás a veces sí es necesario hacer muchos kilómetros para reencontrarte con ese alguien que eras y que hay que seguir siendo sin interferencias. Y esto sí que es una interferencia en la crónica, vaya.

 La luz del sol hace brillar cualquier paisaje, pero la luz de la noche aporta un ambiente especial y mágico para cualquier escenario. Y hay pocos escenarios que se puedan comparar al de la danza-lucha de la capoeira en el claro de la selva frente al castillo de García Dávila. Fascinada por el espectáculo de los danzantes, fui incapaz de manejar la cámara para sacar alguna foto decente, pero en mi memoria están con la luz y el tiempo de exposición perfectos. En este viaje he hecho pocas fotos, quizá estoy volviendo a aprender a disfrutar de las cosas sin la necesidad imperiosa de buscar el mejor encuadre; disfruto simplemente del momento.

La visita a la primera capital de Brasil me supo a poco. Salvador de Bahía es una ciudad en dos alturas cuyo empedrado de las calles te impide ir deprisa para poder apreciar las casonas del barrio del Pelourinho, los sonidos de tambores en cualquier esquina y la vida que late a cada paso. Sus iglesias barrocas, con la abigarradísima Catedral Basílica al frente, compiten con las fachadas de colorines de las casas de abrumadora belleza un tanto decrépita, pero igualmente fascinante. Tanta iglesia no pudo con el animismo africano hábilmente ocultado bajo las imágenes de los santos, los orixás, que han conseguido que el candomblé sea algo más que una religión una forma de unir más a la gente, además del carnaval bahiano, pura explosión de alborozo. Aunque siempre cabe pensar que si esa alegría no es sólo un disfraz de la melancolía o el banzo “esa molestia extraña, una especie de locura nostálgica o vocación de suicidio que abruma a los negros trasterrados”.

Bahía es una ciudad para volver. Me llevo su sabor a caipirinha, su olor a naturaleza nueva  y sus sonidos de tambores y berimbau (metalizado o no ;-)

Al borde

AL BORDE

Soy alta,
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.
He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel, al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y poco a poco me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

Gloria Fuertes

Y lo que cuesta, oigan. 

Curioso

No es un efecto-mariposa de Márron , pero se le parece.

http://producten.hema.nl/

Lástima no saber holandés :-)

(vía Barcelona’s Chiringuito  , mira que son majos estos chicos :-)

Estoy aquí

Aquí, ahí, con-ti-go
siendo, queriendo,
estando, amando,
sólo con-ti-go.
Allí, allá, con-mi-go
recordando, cambiando,
el alma rielando,
mojándome en el río.

Siempre he estado aquí
sin saber que era
ya estaba siendo.
Cuando vuelvas
me encontrarás en los gerundios
esperando, pensando,
enloqueciendo,
respirando por ti.

Actualización idiota: ahora que ya sabía cómo poner música en esto del wordpress, va el goear y desaparece. Stupendo, a buscarme otra cosa, de aquí a unos meses…, o años…, o cualquiera sabe, agh.
En fin, molesten las disculpas, no lo quito pero me voy al youtube, total, lo mismo da, casi.

Actualización dos: parece que el goear ha vuelto, crucemos los dedos.

Lógica

Si así fue, así pudo ser; si así fuera, así podría ser, pero como no es, no es. Eso es lógica.

Lewis Carrol, lógico, matemático y escritor

( Vía Microsiervos )

Cuando vaya a Bangkok

Se bajó el telón

La silla de Fernando está vacía, el cómico de la legua ha vuelto a partir, otro viaje a ninguna parte. La muerte se ha vengado de Don Mendo.

O no.

Don Fernando, buen viaje y muchas gracias.

Vía Libro de Notas, me encuentro con el final de un artículo que escribió en 2004 Fernán-Gómez:

Echo una mirada a la biblioteca. Cuántos libros en ella que ha devorado el olvido. Y cuántos que ya no podré leer. Quiero decirles a esos libros que no leeré nunca, que no se sientan despreciados. Sí sé que no los leeré es porque estoy en esa edad en la que al tiempo se le ve volar como a un gorrión asustado, en la que se nos escapa como agua en un cesto, en la que huye como algunos queridos recuerdos. Pero al decir adiós, que un libro me abra sus brazos y repose sobre mi pecho.

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